LA SALA DE MAQUINARIA DEL OBISPO

Sr. Director,

Una barca. Esa es la representación con la que se suele explicar la Iglesia en base a su estructura y desafíos propios. Pero, como en todo barco, la Iglesia tiene una sala de maquinarias. Generalmente, no está a disposición de público, no entra la luz del día pero si algo no funciona allí, todos a bordo sufren los estragos. Y es precisamente la sala de maquinarias del vicariato de Aysén la que quiero denunciar públicamente.

El 11 de agosto tuve el privilegio de conocer Coyhaique y su gente. A salón repleto y diverso, donde hubo muchos católicos, pude compartir junto a tremendos testimonios de valentía, lo que he aprendido en tres años dedicados a conocer la parte fea del barco.

Sin que me pautearan y con un gran margen de improvisación, sólo dos días y medio me bastaron para comprender que la Agrupación de Defensa de los Derechos de los Niños y Niñas de Aysén –quienes me invitaron- tiene un tremendo trabajo por delante: hacerse cargo del sufrimiento y hacer más de lo que actualmente estamos haciendo como Iglesia para reparar y restablecer confianza. Sin embargo, esto no parece tan claro para algunos operarios dirigidos por el “capitán” Luis Infanti.

Días antes de mi viaje, Ricardo Gómez que es cercano al obispo, comenzó a hacerme llegar mensajes de Whatsapp a través de personas relacionadas: “que no pise el palito”, “que no aparezca” con determinadas personas, entre otras, eran algunas de las advertencias para evitar referirme a los abusos comprobados en la Villa San Luis de la Obra don Guanella.

A Gómez e Infanti les respondí por la misma vía solicitándoles una audiencia o que en la jornada puedan preguntar abiertamente lo que tanto les preocupaba. Sin embargo, por miedo a “ser mal interpretados” por personas “dañinas”, rechazaron mi solicitud. Pero, ¿quiénes son los dañinos a juicio de ellos? Si entre quienes me invitaron y con quienes me reuní hay víctimas y sus familiares, prefiero pensar que los dañinos para el obispo Infanti y su equipo son los curas que realizaron por años turismo sexual pedófilo en el vicariato que dirigen.

Hasta aquí, no tenía ningún afán de hacer pública esta situación, pero días después de la jornada, varias personas de otras regiones me han mostrado los mensajes descalificativos que el séquito del Vicario se ha encargado de masificar. A José Murillo y a mí nos acusan de “dejarnos manipular”, de buscar “protagonismo” y “cagarla” por compartir con la comunidad a la que Infanti debe servir. No bastando con eso, por el sólo hecho de haber identificado ante la prensa las faltas episcopales más evidentes al derecho canónico ante los abusos en la Villa San Luis, se me acusa de “tergiversar comodotisamente” la ley canónica. No deja de ser irónico que esta imputación venga de los mismos que hoy están en el ojo de Fiscalía debido a “la correcta” interpretación y al “vasto dominio” del Derecho que tanto profesan.

Mi presentación aquel sábado pretendía transmitir algunos elementos propios de la sala de maquinaria eclesial para que tomando consciencia de ellos, nos movamos en dirección a superarlos. No obstante, nunca pensé que me iba tocar sufrir esas malas prácticas. Por eso, hago pública esta situación que contiene los debidos respaldos, para demostrar que por muy extenso que haya hablado ese día, lamentablemente me quedé corto.

Juan Carlos Claret Pool

Vocero Organización de Laicos y Laicas de Osorno

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